24 dic 2012
El insondable enigma de unos ojos.
Te comparto el nuevo cuento que escribí:
El insondable enigma de unos ojos.
Era cierto. Por un instante creyó que era un sueño, la típica imagen de “ahora alguien me dará un pellizco y despertaré”. Obvio que ella sabía bien que eso era sólo su deseo, claro que era consciente de la realidad. En frente estaba el psicólogo, joven aún, tal vez no mayor de treinta y cinco. Creo que lo hizo bien, pensó ella. También consideró, en descargo del joven especialista, que esa tarea no debería ser sencilla, al menos para él que se notaba que se lo tomaba en serio.
Desde que fue a pedir informes se lo comentaron, que un consejero le asesoraría antes de la toma y que también le entregaría el resultado. Le pareció un tanto exagerada la rutina, ella no era ignorante de lo que significaba la enfermedad, ya le habían entregado muchos folletos y además, en el remoto caso de que resultara “positiva”, estaba segura que José Luis, su pareja, la apoyaría y no la dejaría sola. A fin de cuentas, si se decidió a ir fue sólo por cumplir con el compromiso, ella nunca le había sido infiel a nadie y, mucho menos, había sido promiscua ni anduvo jamás de loca.
Y ahí estaba. Los ojos del psicólogo se fijaron poderosamente en los suyos, como tratando de ser una columna o un asidero en caso de un derrumbe. Ella sintió cómo su cuerpo se contrajo involuntariamente al escuchar el resultado de su prueba, casi como la sentencia de un mal juicio. Entonces entendió ese semblante extraño cuando José Luis le sugirió que fuera al laboratorio. Sintió el punzón ardoroso en el centro de su sorprendido corazón. Respiró, suspiró más bien, con la mirada puesta en otro sitio y en otro espacio. El joven psicólogo no separaba su vista de aquellos ojos marrón. Reconoció el espanto, comprendía la apabullante emoción de la chica, que comenzó a envolver, en su propio enigma, el oscuro sopor en lo profundo de sus ojos.
Sofía Mezzo
Invierno de 2012.
* Para mis compañeras y compañeros de lucha. Entrañables amigos y amigas de las asociaciones y grupos. Para mi recuperada familia.
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Devastador tu relato, Sofía. Nos queda recordar que ser VIH+ no es sentencia de muerte.
ResponderEliminarSaludos y felices fiestas.